Qué será de las flores mustias

Hace poco, iba a llevar a una librería de viejo algunos libros antiguos que ya no sabía dónde colocar. Se me ocurrió que, antes, debería ponerlos boca abajo y vaciarlos de todas esas cosas que viven entre las páginas de los libros ya leídos: tickets que sirvieron como marcapáginas, trocitos de papel, resguardos, post-its garabateados, recortes, arena de playa, flores mustias y prensadas…

¿Libros impresos o electrónicos?

Pensé entonces que quizá por eso me gusta comprar libros antiguos y viejos, no solo por lo que muestran en sus páginas, sino por lo que contienen entre sus hojas: objetos que los vuelven personales, notas manuscritas, nombres de autores, ex libris, renglones subrayados… y que hacen que la lectura sea distinta y te haga pensar también en lo que hacía y cavilaba su último dueño mientras lo sostenía.

Paradójicamente, en el mundo del libro hispanohablante, quienes están tirando mucho del carro son los hispanos de los Estados Unidos. No lo digo yo, lo dice Patricia Arancibia, que no es cualquier persona, sino una periodista argentina, directora de adquisiciones internacionales de contenido digital en Barnes & Noble, la mayor cadena estadounidense de librerías:

«El 15% de la población latina de EE. UU. tiene un lector electrónico, por encima del 12% de los blancos o el 8% de los afroamericanos. Los latinos son los que más ebooks compran».

Esto, curiosamente, se debe a que los títulos en español que llegan a los Estados Unidos (por ejemplo, de España) resultan mucho más caros, porque se cobran en una divisa más costosa y son importados; unos inconvenientes que prácticamente desaparecen cuando la distribución se hace por vía electrónica.

A pesar de la ventaja económica, muchas personas aún muestran cierto rechazo al libro electrónico, porque implica también cierta educación informática, pero también por lo impalpable del objeto, aunque todos sabemos —y si no lo sabes, sentimos revelarte el final de esta historia— que el futuro está en los libros hechos de bits más que en la tinta. Estamos inmersos en pleno proceso de transición que, para algunos, será más rápido de lo que parece. Nicholas Negroponte, el gran gurú de la tecnología, vaticina el final del libro de papel para dentro de cinco años.

De todos modos, el debate sobre el libro impreso/electrónico debe dejar de plantearse casi en términos bélicos: lo importante es leer. Una de las ventajas del ebook es que resulta económico y lo podemos adquirir desde nuestro teléfono mientras vamos por la calle, pero también nos gusta regalar libros impresos, que podemos dedicar y firmar, y en los que insertar una flor, que vivirá entre sus páginas muchos días, aunque un día se torne mustia.

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Una respuesta a Qué será de las flores mustias

  1. Sergi Medina dijo:

    Compañero, el símbolo del porcentaje (%) se escribe pegado a la expresión númerica en cifras.

    Este símbolo y el de los grados (°) son los únicos que se escriben sin espacio entre las cifras y ellos, son las únicas dos excepciones, ya que el resto se escriben con un espacio de separación.

    Saludos cordiales.

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