Leer no es fundamental

Theodore Rooselvelt vigila a los que le robaron su barca mientras lee 'Anna Karenina'.

Ladrones ociosos, porque no se había inventado ‘Angry Birds’ mientras Roosevelt goza como un loco con ‘Ana Karenina’ (y la escopeta al lado, claro).

Roosevelt no se aburría

En 1886, antes de ser el 26º presidente de los Estados Unidos, Theodore Roosevelt pasaba unos días en su rancho de Elkhorn, y allí nevaba. Una mañana se percató de que alguien había robado su barca del río. Como era un tipo de armas tomar y con sentido de la justicia, cogió a dos de sus capataces y se fue río abajo en busca de los ladrones. Las temperaturas eran heladoras y en algunos tramos, el río aún tenía placas de hielo.

Roosevelt y sus hombres estuvieron tres días remando, detuvieron a los ladrones y después, tardaron ocho días en llevarlos ante la justicia. Por una barquita; ríete tú de Theodore. La cuestión es que, al volver, comentó que el tedio debió de ser terrible para los prisioneros, que no tenían mucho que hacer. «Yo, en cambio, me he traído [la novela] Anna Karenina, y el tono gris del entorno congenia bien con el ambiente que relata Tolstoi», escribió en su diario. Roosevelt era todo un personaje, está claro.

Hoy en día, quizá el político habría llevado una tableta y un smartphone, pero habría podido usarlos únicamente el primero de los doce días de su aventurita, el tiempo que dura la batería.

Desde cuándo leer es entretenido

Hay culturas en las que apenas se lee y, sin embargo, crecen y se desarrollan personas felices. Hasta mucho después —pero mucho, eh— de la divulgación del libro gracias a la imprenta de Gutenberg, los libros eran objetos raros e infrecuentes en los hogares de la gente común. Estaban reservados a gente con dinero, y no por tener dinero les entraban las ganas de comprar libros. Si hay gente que es feliz sin leer —incluso mi cuñado—, ¿por qué insistimos en que leer es bueno?

Al fin y al cabo, los libros fueron, en su momento, allá por el siglo XVI, el equivalente a la internet de nuestros días. Comprabas una pila de hojitas unidas por un lomo y podías leer historias que te emocionaban o te hacían reír. Eran relatos escritos por personas que jamás conocerías. Hablaban de lugares que ignorabas, y aprendías conceptos que, de otra manera, jamás te habrían contado. Además, duraba muchos años, no consumía energía y era portátil. Podías prestarlo, leerlo en la intimidad o compartirlo con otros leyéndolo en alto. Leer era un fantástico privilegio.

«Pero… ¿y ahora? Tenemos videojuegos, internet, blogs, tabletas y televisión. ¿Nos interesa seguir leyendo?», me preguntaba un conocido el otro día. Y hay que meditar la respuesta, porque todo eso es muy cierto.

Pero los que leemos, y los que consideramos la lectura como una experiencia que cambia tu vida, sabemos que la letra impresa, que hay que leer con más sosiego (¿acaso no buscamos la tranquilidad cuando leemos y eso es parte de la experiencia?), se queda con nosotros de otro modo. Aquel que se pasó de estación o de parada porque estaba absorto leyendo sabe bien lo que digo.

Los libros aumentan la concentración y tu vocabulario, entrenan tu cerebro, son baratos, duraderos, no necesitan mantenimiento ni actualizaciones, y te hacen más culto, por lo que puedes hablar de más cosas con más gente.

Así que… sí, es verdad: leer no es fundamental, pero tampoco lo es tener amigos. Podemos vivir sin ellos. Precisamente, porque no es fundamental sino una actividad optativa, disfrutable, accesible y compartible —como tener amigos—, siglos después, los libros siguen llenando los anaqueles de nuestras librerías. Porque es una droga sana de la que, si queremos, podemos prescindir. No es fundamental, pero sí importante y en BiblioEteca.com podréis encontrar un montón de ebooks gratis que os hagan más económica la lectura.

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Acerca de xosecastro

Redactor, corrector, traductor, formador
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10 respuestas a Leer no es fundamental

  1. Katherine dijo:

    Y gracias a este artículo, conocí esta página. Saludos.

  2. Darío dijo:

    ¿Y el presidente **Kedenny** qué leía? 😛

  3. Nélida K. dijo:

    ¡Hola, Xosé! Como buena adicta (incurable, no hay tratamiento que me haya dado resultado) a la lectura, me encantó tu artículo. Disfrutables tus neologismos (o más bien, xosecastrismos) – [por ej, temperaturas ‘heladoras’ (aquí por Montevideo diríamos ‘congelantes’)].
    Anotaría, sí, una desventaja que suelen tener los libros (en papel), en comparación con los virtuales o electrónicos: suelen costarte la pérdida de algún ‘amigo’ que otro (cuando los prestas, y nunca más te los devuelven) 🙂 [me ha pasado más de una vez, y nunca aprendo: los sigo prestando].
    No conocía esta página, ni el recurso que mencionas, con seguridad también a ellos me haré adicta.

  4. Nélida K. dijo:

    Ah, me olvidaba: no sé si es un tema de configuración que escapa a los permisos de administrador del blog, pero donde indica el número de comentarios a esta entrada, dice “commentarios” (con “doble m”).

  5. Pingback: La semana en 10 entradas | Blog de Leon Hunter

  6. Sergi Medina dijo:

    La abreviatura de vigesimosexto debería llevar punto abreviativo, como la mayoría de abreviaturas: 26.º, no *26º.

    Son varias las razones.

    Podéis consultar el Diccionario panhispánico de dudas en línea de la página web de la Real Academia Española, y la Ortografía de la lengua española de 2010 de la Asociación de Academias de la Lengua Española, entre otras obras.

    Saludos cordiales.

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